Serie 2016 – Crítica.

Paisajes de rosario.

Alejandro Villalba realiza la siguiente serie de pinturas que presenta en esta exposición en Blue Cross & Blue Shield de Uruguay inspirado en los sucesivos viajes y estadías en la colonia de artistas de Fundación Iturria en el campo de rosario departamento de Colonia. Allí pudo vincularse con el clima del campo rosarino, con sus paisajes, sus tiempos, las anécdotas de los lugareños, y junto con otros estudiantes y artistas compartir experiencias, conocimientos sobre el arte y la pintura. Contar con la presencia y la experiencia del artista Ignacio Iturria en estas instancias resultó sumamente enriquecedora.

 

La pintura de Villalba no es mera contemplación estética, es también reflexión y es este hecho lo que la convierte en una pintura contemporánea. Estas reflexiones las inicia en lo plástico, en el sentido que elige los colores a utilizar priorizando una determinada paleta: que va desde el  azul cyan al amarillo primario, pasando por el rojo magenta y el siena tostada, que no busca reproducir una imagen realista de lo observado sino que encuentra una equivalencia con su obra, con su materia la pintura sobre tela. Una representación reflexiva subjetiva. “Esto no es una Pipa” escribe  Magritte cuando pinta precisamente una Pipa. Villalba es consciente que lo que retrata no es una realidad sino una aproximación a la misma. Es también una opinión, una forma de señalar algo.  Es así que continúa sus reflexiones introduciendo al hornero en una de sus pinturas como símbolo del constructor, de lo autóctono, del responsable protector de su familia, comparable también al trabajo del artista que lucha con su oficio por lograr la belleza, la expresión de su obra.

El campo es un lugar donde lo bello natural se nos impone como verdad, ¨lo bello natural está por encima de lo bello artificial¨, sugiere el filósofo Alemán Immanuel Kant. Nos ocurre cuando queremos reproducir un hermoso atardecer con una fotografía o una pintura que los colores no logran la intensidad de lo que estamos viendo y no hay forma de retener la experiencia, incluso los sonidos o el olor, la belleza de la naturaleza nos deja perplejos y comprendemos que resulta imposible aprisionarla. El pintor buscará contrastar lo natural con la educación, con los valores, con las equivalencias humanas.

En sus obras podemos ver un auto que se introduce en un paisaje, un ñandú o un guazubirá que son sorprendidos cruzando un camino como escenas de una película, como interrupciones en el tiempo, producto de esta dicotomía entre naturaleza y artificiosidad, como un roce de realidades. La ecología no es ajena, el diálogo de realidades no es un enfrentamiento, es una reflexión desde lo humano. La escuela rural y la educación también se hacen presentes como parte de esta visión atenta, cálida, que nos detalla el pintor Alejandro Villalba.

Diego Píriz. Octubre 2016.

 

 


 

El observador
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